El loco*

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“El comisario Gómez era un genuino espécimen de aquel zoológico infame. “

El aire se respiraba crudo en la seccional. Como tragado de golpe. Para colmo, se había cortado la luz hacía dos horas y no se percibía la más mínima señal de la vuelta del aura eléctrica. Todo era penumbra. Algunas velas dispersas al azar generaban un clima de misterio que quedaba grande en ese ambiente podrido: una comisaria chiquita, sucia, arruinada, del barrio de La Boca, desbordada de negociados, policías tranzas y demás barbaridades que la vida se había encargado de naturalizar.

El comisario Gómez era un genuino espécimen de aquel zoológico infame. Gordo, acusaba más de cien kilos, su panza rebalsaba por sobre su apretujado cinturón de cuero negro. La reglamentaria, oxidada de tan poco uso, colgaba inerte de su cintura en una funda gastada como una pelota de trapo.

Su camisa azul Francia brindaba un perfecto marco a su placa, brillante y pulcra, lo único limpio en aquel ser lamentable.

Un grueso bigote negro como el azabache, con manchas de muzza rancia ala orden del día, era la pincelada final de la obra maestra. Un comisario respetado y temido, envuelto en cuanto caso de narcotráfico y piratas del asfalto existiese.

Su imponente figura, grasienta y patética, se camuflaba en las tinieblas de la oscurecida comisaria. El cabo Gálvez le venía insistiendo, desde las primeras horas de la mañana, que lo necesitaba urgente en el cuarto de limpieza, devenido en sala de interrogatorios. Decía que no podía creer lo que escuchaba, que nunca había visto un chorro tan enfermo y maniático, que media comisaría estaba descompuesta, que él era el único capaz de lidiar con semejante monstruo, que su experiencia y blablablá.

-Está bien Gálvez, ya me rompiste demasiado las pelotas, dijo el gordo Gómez con su vozarrón de pucho y café vencido. Voy a ir, pero solamente porque me da curiosidad. No puede ser que nadie pueda con este tipo viejo! Manga de inútiles de mierda! Contame, qué sabés. Gálvez empezó a escupir todo lo que tenía. Mientras, comisario y cabo se hacían camino entre la oscuridad tanteando las paredes e iluminándose con una pequeña vela.

-El tipo se apareció en la puerta de la comisaría bañado de sangre. Nos dijo que acababa de matar a un hombre. No tenía documento, pasaporte, registro ni ninguna otra identificación. No tiene antecedentes, nadie reclamó por él. Las huellas de sus pulgares están destruidas, suponemos que por algún tipo de ácido. No tiene registro genético alguno. ¡Es un misterio este hombre y también un enfermo! Las cosas que les contó a todos los que lo interrogaron los hicieron vomitar. Ya nadie quiere ni verlo.

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“-El tipo se apareció en la puerta de la comisaría bañado de sangre.”

Llegaron a la puerta y el gordo se detuvo. Iluminó el rostro de Gálvez con la vela y disparó su última pregunta: ¿Tiene algún sobrenombre? No jefe. Solamente el que le pusimos acá en la comisaria: El loco. –Bueno, está bien. Ya bastantes años tengo acá adentro para que se me aparezca un pelotudo a joderme a mí y a mi gente. Dame cinco minutos que le sacamos todos os datos necesarios y liquidamos el asunto. Gálvez se apartó y dejó que el comisario Gómez ingresara sólo al cuartito.

Ahí adentro estaba El loco. De unos treinta años aproximadamente, rostro chupado y casi esquelético, con una cabeza inmensa, desproporcional al resto de su cuerpo. Sus dedos eran largos y huesudos. Su camisa, blanca, se encontraba roja, embebida en sangre. El aroma era repulsivo, similar olor del óxido intenso. Una delgada vela blanca ubicada en el centro de una mesa vieja iluminaba apenas  su rostro.

-Buenas noches señor Gómez. Me comentaron que lo enviarían a usted. Sus ojos chocaron con los del gordo transmitiéndole el más profundo terror. Eran inmensos y amarillos, como los de un gato rabioso. Una sonrisa arrogante se percibía gracias a la tibia luz de la vela. El loco, esposado de pies y manos, sentado en una silla de metal, no quitaba su vista de Gómez.

El comisario se sintió más que intimidado, pero, a pesar de que realmente le inquietaba la figura de aquel desconocido, no estaba dispuesto a irradiar el más mínimo brote de miedo. Quería terminar el asunto de manera rápida y eficaz.

En un segundo, cerró la puerta con llave, se abalanzó ante el loco, y con su obesa mano le encajó un mandoble en la pera que casi le desacomoda la mandíbula. Mirándolo fijo, comenzó su arte: –Pero escúchame una cosa, pedazo de sorete, ¿Vos quién carajo te pensás que sos para venir a hincharme las pelotas a mí acá en mí comisaria? ¿Vos sabés quién soy yo? Yo hace cuarenta años que vivo con ratas como vos y nunca ninguna pudo hacerme frente sabés? Decime ya mismo quién sos y contame todo lo que hiciste si no querés que te reviente la jeta a trompadas! ¡Dale hablá carajo!

El loco escupió sangre al piso, y con la más amplia de las sonrisas volvió a mirar a Gómez. ¡Pero qué cálida bienvenida comisario! ¡Por favor tome asiento! Me será de mucho agrado contarle quién soy, qué hice y qué hago acá. El gordo, como siguiéndole la corriente se sentó en la silla de enfrente sin quitarle nunca la mirada de encima. Sacó un Gitane, lo encendió y le dio una pitada larga, profunda. Luego exhaló como saboreando cada bocanada. –A ver pedazo de sorete qué tenés para decir. Te escucho dale, hablá!. Al gritar, la velita se tambaleó casi a punto de caerse. –Mire comisario, aquí han dicho que yo soy un loco, y yo soy simplemente un hombre que cumple con su deber divino. ¿Usted ha escuchado hablar acerca del Mandamiento de Jesús?

-No, dijo el gordo tajante, como demostrando que no le importaba en lo más mínimo lo que le estaba diciendo. –Se lo comento porque es conveniente que lo sepa para que pueda comprender la complejidad de los hechos que… ¡DALE EMPEZÁ A HABLAR DE UNA VEZ, LA PUTA QUE TE PARIÓ! ¡Qué Dios, ni Jesús ni nada, acá vs mataste a una persona y quién sabe a cuantas más… así que empezá a cantar si no querés quedarte sin costillas enfermo!

-No se impaciente señor Gómez, ya llegaré a ese punto. Los supuestos asesinatos. Las supuestas muertes. ¿Acaso no todos nosotros matamos alguna vez? ¿No matamos ideas, pensamientos, ideales todos los días? La voz del loco era cada vez más irritante, aguda y fina como un chirrido.

-Yo te voy a matar a vos si me seguís torturando con tus pelotudeces. ¡Dale hablá!

-Bueno, como le decía anteriormente, el mandamiento de Cristo, es un mensaje que dio el mismo Jesús a sus apóstoles y que estos se encargaron de dispersar por diversas regiones. En un momento, la Iglesia decidió prohibir este mandamiento y sepultarlo en el olvido. ¡Muy pocas personas han resguardado este secreto! Gracias a mis padres, que era oriundos de tierras árabes, pude hacerme de semejante manifiesto de la cristiandad. Y hoy, mi vida se basa en ese mandato de Cristo. Soy un defensor de su mensaje.

-Todo muy lindo tu cuento, pero si no me decís en cinco minutos que mierda tiene que ver todo esto con la sangre de tu camisa, la velita que tenés acá enfrente, la vas a tener en el orto sabés?

-Tranquilícese comisario por favor. El punto sería aclararle qué contiene este mandamiento y por qué se prohibió. Lo primero, no estoy en condiciones de decírselo porque, como se imaginara, lo resguardo en el más inquebrantable secreto. Si podría aclararle la segunda cuestión. El Vaticano erradicó este mandamiento de la historia, hace ya más de mil años, porque supuestamente incitaba al odio, a la violencia. Algo contrario a los valores cristianos. Qué se yo, mire, para mí interpretaron mal el asunto. Me parecen mucho más violentas y crueles las cosas que hacen en la actualidad en las Iglesias Vaticanas, rodeándose de oro y emplazando cruces de diamantes mientras cientos de niños mueren de hambre todos los días. Eso si me parece inhumano. Mucho peor que lo que sugiere ese mandamiento y las cosas que yo hago en base a él. Soy un simple mensajero del Señor.

-Pará, pará, pará, no me marees loquito. Decime concretamente lo que hacés! Yo también pienso que la Iglesia es una mierda… ¡Por dios qué hago hablando esto con un psicópata! ¡Decime todo lo que hiciste! El gordo Gómez le dio un puñetazo a la mesa que terminó volteando la vela. Por un instante la oscuridad tiñó de negro la habitación hasta que el gordo la encendió con su encendedor.

-Mire Gómez, usted me cae bien. Le voy a contar todo con lujo de detalles. Me parece un hombre fuerte, un hombre de fe, que supongo que va a poder resistir.

El loco habló por más de dos horas. Solo él y Gómez saben lo que sucedió adentro de aquella habitación. Lo que ocurrió luego fue algo que nadie entendió. El comisario ordenó que liberasen al loco sin ningún cargo.

–¡¿Cómo puede hacer eso comisario?! ¡A mí me contó que ahogó a un nene de diez años porque no estaba bautizado y después lo descuartizó!

-¡Ese tipo tiene que estar en el Borda o en cana!

Otro cabo también encaró al jefe. –Yo casi vomito cuando me contó lo de la mujer y sus hijos, que los acuchilló tan brutalmente que ni lo puedo repetir.

Todos alzaron sus voces en contra de la decisión del gordo Gómez, quien le sonreía al loco mientras lo conducían hasta la puerta. Ante el griterío y la indignación de sus subalternos, el comisario emitió sólo una frase, mirando al horizonte con los ojos brillosos: “Ustedes no lo entienden. Está cumpliendo una misión divina”

El comisario se dio media vuelta y entró a su despacho guiándose con una linterna. El resto de los uniformados, enmudecieron. Apenas el loco abandonó la comisaría, volvió la luz.

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“Todos alzaron sus voces en contra de la decisión del gordo Gómez, quien le sonreía al loco mientras lo conducían hasta la puerta.”

*Cuento realizado en el Taller de Escritura Creativa de Alberto Laiseca, en el Centro Cultural Rojas (UBA) en el año 2011.

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Acerca de Pablo Díaz Marenghi

Periodista / Docente / Comunicación #FSOC / Redacción @artezeta / Colaboro en @DiarioZ @NiaPalos y @Ultra_Brit / Conduzco @hoyeselfuturo / Twitter @pediazm / LinkedIn
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2 respuestas a El loco*

  1. Malvona dijo:

    ¡Qué terrible! ¿Será peor el loco o el comisario?

    Muy buen cuento,
    Saludos

  2. Gracias Malvona por haberte tomado el tiempo de leer el cuento! Que bueno que te haya gustado! Si, la verdad no se que personaje es más macabro. Que el lector decida jaja.

    Saludos y gracias de nuevo!

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